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viernes, 25 de noviembre de 2011

Entrevista a María Martínez, autora de la Saga A. I.









Hace una semana publiqué en mi blog habitual Devoradora de libros la entrevista que le hice a María Martínez; debido a la gran acogida que tuvo, he pensado publicarla también aquí, y de paso abro un nuevo apartado dedicado a los nuevos autores. Muchos de los que andáis por aquí ya la conocéis, pues es una habitual de Facebook y Twitter, y una de mis mejores amigas. Pero no está aquí por eso, no, no, no; está aquí porque lo vale, porque tiene el Don de convertir las palabras en magia, de hacer soñar, de arrancar sonrisas en una día triste y gris. Y lo hace de la mano de sus inseparables amigos: los vampiros. Y no digo más. Le cedo la palabra a ella para que se presente y os hable de su vida, sus libros, sus proyectos…

Biografía de María Martínez: Nació en 1975 en Lorca, una preciosa ciudad de Murcia. Al terminar sus estudios se formó como Escaparatista, profesión que abandonó para dedicarse por completo a su familia y a su vocación literaria.
Descubrió su afición por la escritura, siendo muy niña. Aunque no fue hasta hace poco, que consideró la posibilidad de convertirse en novelista.
El resultado de esta incursión en el mundo literario y editorial es "A. I.", una trilogía juvenil/adulta de corte paranormal.
En la actualidad, María forma parte de la larga lista de autores representados por la prestigiosa agente Antonia Kerrigan. Compagina la escritura del último volumen de la saga, con una nueva novela juvenil. Administra, junto a su amiga y escritora Cristina Roswell, un grupo en Facebook: "Rumbo hacia la publicación. La odisea de un novel". Un grupo por y para escritores noveles.
También posee un blog personal: “El Blog de Anxana”, en el que publica algunos relatos, comparte experiencias literarias y detalla sus pasos en el mundo editorial.

J. Empecemos por algo clásico que a menudo quieren saber nuestros lectores: ¿qué o quién te impulsó a escribir?
M. Hay un qué y un quién. Lo que me impulsó a escribir fue la necesidad de cumplir un sueño, de alcanzar una meta. Siempre he escrito, pero de una forma personal, sólo para mí; a modo de diarios, cuentos que siempre poseían un punto biográfico. Pero mi sueño era escribir una novela, intentar publicarla y que la gente pudiera leerla algún día, en definitiva, ser escritora. Y mi madre fue quien me convenció de que tenía talento para hacerlo, o al menos para intentarlo, y que sólo necesitaba creer que lo conseguiría.
Por el momento, no se ha equivocado, y he iniciado mi camino hacia esa meta.
J. ¿Hay en tu biblioteca particular algún libro o autor que haya definido tu estilo o te haya orientado hacia un género literario u otro?
M. Hay muchos. En mi biblioteca el 90% de los libros son de fantasía épica, es mi género preferido –hasta descubrir el juvenil, ahora ambos comparten mi corazón– y no podría decantarme por uno sólo. Son muchos los autores que me han marcado: Tolkien, Louise Cooper, Guy Gavriel Kay, Stephen R. Lawhead…y así muchos. Me fascina la habilidad que poseen para crear mundos, describirlos y dotarlos de vida propia. Habilidad que yo aún no poseo, así que cuando tuve que decidir sobre qué escribir, me decanté de inmediato por mi otra pasión, el género juvenil paranormal, con el que me siento mucho más cómoda.
J. Como lectora y como escritora, dinos, ¿qué tiene de fantástico el género Fantástico que ha conseguido atraparte?
M. Para mí lo tiene todo. Es un género que no pone límites a la imaginación, todo es posible. La fantasía paranormal es atrayente por los personajes que maneja: Vampiros, hombres lobo, ángeles, demonios, fantasmas, hadas… Son personajes atractivos, oscuros, misteriosos, apasionados, malvados; dotados de poderes sobrenaturales, existencias inmortales. Criaturas que forman parte de nuestra cultura, de las leyendas, de nuestros sueños y pesadillas. Criaturas que despiertan nuestra curiosidad y a las que en cierto modo envidiamos.
J. Háblanos de La Saga A. I. ¿Cuál es su origen y a dónde quieres llegar con ella?
M. Puede sonar a tópico, pero A. I. nació de mi fascinación por los vampiros y por escribir esa historia que me hubiera gustado encontrar en las librerías. Antes de iniciar A. I ya había leído algunas sagas sobre el tema, pero en cada una de ellas predominaba una temática: romántica, terror, acción… y al terminarlas siempre me quedaba con la sensación de que les faltaba algo. Si era romántica, echaba en falta un toque de terror o acción, o al contrario.
Cogí aquello que me gustaba de cada una y creé mi propia historia. Una historia que posee todo lo que echaba de menos en mis lecturas. Sé que no he inventado nada, es un tema sobre el que se ha escrito mucho, pero aquellos que ya la han leído, coinciden en la misma opinión: es una historia original y muy atractiva que les ha dejado con ganas de más. Y oír eso es la mejor recompensa después de tanto trabajo.
¿A dónde me gustaría llegar con ella? Al público, me gustaría que se publicara y que llegara a la gente que disfruta con este tipo de lecturas.
J. Se dice que los niños y los adolescentes son los lectores más críticos y al mismo tiempo los más sinceros y fieles… ¿Cómo valoras la nueva narrativa dedicada al público juvenil?
M. Este es un tema que levanta polémica. La narrativa juvenil carga con un estigma, una etiqueta inmerecida de mala narrativa que me parece injusta. He oído de todo, que son novelas de argumento vacío e impredecible, que requieren menos esfuerzo y dedicación. Existen demasiados prejuicios contra la literatura juvenil, se la infravalora relegándola a la condición de subgénero y lo peor es que los argumentos que se esgrimen para ello son insostenibles.
La narrativa juvenil está en auge. Cada vez hay más y mejores autores, y el número de lectores aumenta con ellos. La calidad de esta narrativa es tan válida y respetada como cualquier otra.
J. “Se lee poco en España”. ¿Realismo o catastrofismo? Desde tu punto de vista y desde tu experiencia personal como escritora, ¿hay soluciones para el problema?
M. Por desgracia es una realidad.
La lectura es un hábito que se aprende, se imita. En una familia donde los padres leen, aman los libros y hablan de ellos; es casi seguro que sus hijos también leerán, por lo que la principal solución sería inculcar ese afán desde muy pequeñitos.
Las estadísticas hablan por sí mismas, somos uno de los países donde menos se lee, aún así, creo que hemos mejorado mucho. Los jóvenes cada vez leen más, así lo reconocen, pero se quejan del precio excesivo de los libros y de una economía precaria que les impide adquirir tantos como quisieran y esa opinión la comparte el resto de la población de más edad.
Me estoy encontrando con un público al que le gusta leer, que quiere leer, pero que considera que es una afición cara, casi un lujo para algunos. Por desgracia, el mundo editorial es un negocio más de tantos y en él prima el beneficio económico, así nos va.
J. Todos los autores tienen sus manías a la hora de crear sus mundos de ficción, protagonistas, antagonistas… Explícanos un poquito cómo es tu proceso de creación narrativo desde el germen o idea básica hasta que pones el punto final al manuscrito.
M. Voy a resumirlo en una palabra: Caos.
No tengo una organización previa, ni un método. Cuando una idea despierta en mi cabeza, mi vida empieza a girar en torno a ella, día y noche, sin descanso. La trama y los personajes van tomando forma en mi mente y cobran vida casi de inmediato.
Desde el primer momento ya tengo una idea del principio de la historia y de su fin; y respecto a los personajes, no necesito hacer un esquema sobre ellos: imagen, cualidades, carácter…Simplemente aparecen en mi mente en función de lo que la historia necesita y ya los conozco.
Tengo un bloc que llevo a todas partes, en el que anoto cualquier cosa que se me ocurre: un diálogo, una escena, un razonamiento…pero la mayoría de datos se almacenan en mi cabeza y yo misma me sorprendo de la cantidad de información que puedo acumular y manejar sin volverme loca. El problema es que siempre estoy en las nubes y otros aspectos de mi vida se resienten bastante, hasta el punto de que cada día necesito una hora para encontrar las llaves o recordar que hice el día anterior.
Una vez que empiezo a escribir, sólo tengo que dejar que esa información salga, utilizo muchas de las anotaciones, aunque la mayor parte de la historia va surgiendo sobre la marcha partiendo de ese principio y final que ya conozco. Puede parecer caótico y muchas veces vuelvo a reescribir capítulos enteros porque una idea mejor que la anterior me tienta, pero es mi forma de trabajar y por ahora me funciona.
J. ¿Crees en las Musas o únicamente en el esfuerzo continuado y la constancia del escritor? ¿O mejor una simbiosis entre ambos?
M. En ambas. Dependo muchísimo de mi inspiración, pero cuando ésta desaparece, me obligo a sentarme e intentar escribir, aunque sólo sean un par de frases. Por suerte, mis musas casi siempre andan conmigo; una canción, una frase en una película, una fotografía pueden poner a funcionar mi mente. Supongo que, porque mi imaginación siempre está despierta y nunca dejo de fantasear con cualquier cosa.
J. ¿Qué es un agente literario y qué significa para ti?
M. Un agente literario es una persona que empieza a ser imprescindible en la vida de un escritor. Muchas editoriales confían en ellos y sólo aceptan manuscritos que vengan recomendados por éstos. El agente simplifica el trabajo del editor, cuando presenta un proyecto, se supone que éste ya ha pasado las cribas necesarias como para garantizar que ese trabajo merece la pena tenerse en consideración, tanto a nivel de calidad literaria como comercial. Porque cuando un agente decide representar a un escritor, es porque está convencido de que dicho escritor puede reportarle unos beneficios. Intentará conseguir el mejor contrato y velará por los intereses de su representado.
En un sector editorial que asegura estar en crisis, que ha reducido el número de publicaciones anuales y las tiradas de dichas ediciones, publicar se ha convertido en todo un reto, una carrera de obstáculos lenta y agotadora; y para un escritor novel, en misión imposible. Salvo algunas excepciones, los noveles somos descartados de inmediato por las editoriales y a no ser que vayamos de la mano de un padrino con el prestigio suficiente como para que sus sugerencias sean tenidas en cuenta, lo tenemos más que difícil.
Sobre qué significa para mí, en este momento lo es todo. Tuve la suerte de que una de las mejores agentes del país se fijara en mí y confío en que gracias a ella, algún día mis novelas verán la luz.
J. ¿Editoriales grandes o editoriales pequeñas? ¿Cuáles dirías que trabajan mejor y se ocupan más del autor y de su obra?
M. Sobre este tema no tengo una opinión personal, porque lo desconozco por completo. Puede que sea un tópico, pero por lo que he oído hasta ahora sería:
Editoriales grandes: poca relación personal con el escritor, buena promoción y distribución gracias a su infraestructura.
Editoriales pequeñas: relación más cercana con el escritor, promoción y distribución más limitada.
J. Háblanos un poquito de tus proyectos futuros, ¿hay vida después de A. I.?
M. Sí, A. I. es mi primer trabajo, un trabajo que está a punto de finalizar. Al que le seguirá un nuevo proyecto que ya tengo en marcha dentro del género juvenil paranormal, pero completamente distinto de lo que he hecho hasta ahora. Tras esto, puede que me anime con los mundos distópicos, hay una idea muy atractiva que ronda por mi cabeza desde hace un tiempo.
J. Cuéntanos algo a propósito de la promoción de tus obras a través de las redes sociales, ¿estás a favor o en contra?
M. Completamente a favor. Hace un año, los únicos que sabían que escribía un libro, eran mis amigos y mi familia.
Desde mi incursión en las redes sociales, he conocido a muchísima gente: escritores, editores, agentes y sobre todo lectores. Gente con la que tengo mucho en común y con la que compartir las inquietudes de este mundo editorial y literario.
Aún me asombro cuando incluyo mi nombre o el de mi blog en un buscador y compruebo la cantidad de entradas que aparecen. El número de personas que se interesa por lo que hago aumenta cada día, y me brindan un ánimo y un apoyo que agradeceré para siempre. Y lo mejor de todo, esos amigos que he ido encontrando.
J. Háblanos de la “crisis” en el sector editorial a través de tu experiencia, o simplemente dinos qué opinas, ¿es tan fiera como la pintan o se está creando una psicosis favorable a determinados intereses?
M. La crisis existe y afecta a todos los sectores. El número de libros vendidos disminuye a pasos agigantados o eso aseguran. En el caso de que no sea como lo pintan, no tengo muy claro a quien favorece esta psicosis, la verdad; pero lo que sí sé, es que de haber tenido mi libro unos años antes, ya estaría en las librerías, y que ahora conseguirlo va a ser casi un milagro. Soy novel y llevo bajo el brazo una trilogía, es una apuesta muy fuerte y las editoriales tienen reparos en jugarse su dinero si no están convencidas al cien por cien de que va a funcionar.
J. ¿El libro clásico “de toda la vida” está realmente en peligro de extinción frente al “apocalíptico” e-book?
M. De momento no, y creo que pasará mucho tiempo antes de que esa circunstancia se dé, si llega a darse algún día. Dudo que el libro en papel pueda desaparecer del todo. Pero los tiempos cambian y hay que adaptarse a ellos. El e-book ha entrado en nuestras vidas para quedarse y tiene cosas muy positivas como su precio, la disponibilidad inmediata sin moverte de casa a un solo clic, el espacio –puedes tener cientos de libros en una pequeña tarjeta de memoria. Pero el libro de papel, para aquellos que amamos la lectura, tiene un encanto que jamás conseguirá el libro digital. Me encanta el olor de un libro, regalarlos, que me los regalen, que me los dediquen. Ver las letras manuscritas en las primeras páginas, sobre todo si son de alguien a quien aprecio, es un placer al que no quiero renunciar.
Estoy segura de que ambos soportes convivirán en armonía.
J. Y por último, si quieres y te animas, apunta algunas condiciones sine qua non para llegar al corazón del lector con un libro y convertir a este último en algo memorable.
M. Para llegar al corazón del lector, un libro debe tener algo interesante que contar y debe contarlo bien.
Un lenguaje sencillo que llegue a todos los posibles lectores.
Una narración que haga visible e imaginable la historia y que logre que ésta active los sentimientos y la curiosidad para querer saber más.
Un buen ritmo que mantenga el deseo de lectura.
Un protagonista con el que los lectores se puedan identificar.
La dosis justa de amor, intriga, acción…
Y por encima de todo, debe estar escrito desde el corazón. Si un escritor se emociona al escribir, el lector se emocionará al leer su libro.